01 octubre 2006

Temas numismáticos: Grandes y pequeñas discusiones sobre los catálogos de Krause Publications

Sin duda que Krause marca una diferencia con respecto a todas las editoriales dedicadas al coleccionismo. Es la única que podría considerarse de alcance global y conocida por la mayoría de los coleccionistas del mundo sin importar su origen nacional, edad o poder adquisitivo.

Su variedad de publicaciones es importante, sin embargo, el “Stándar Catalogue of World Coins” (KM) y el “Stándar Catalogue of World Paper Money” (Pick) alcanzan la verdadera cualidad de productos masivos para numismáticos y notafílicos respectivamente.

Analizar las razones de esta ocurrencia pueden abarcar desde el hecho más simple de que estos catálogos están escritos en inglés, la “lingua franca” moderna, que permite su entendimiento desde el Ártico al Antártico; hasta el hecho de que, en teoría, en un solo libro está la información de todas y cada una de las monedas o billetes de las regiones geográficas conocidas en un período de tiempo determinado.

Esta visión universalista no es la que parece orientar la política comercial de Krause, ya que leyendo un poco las introducciones de los catálogos e investigando donde tiene representación esta editorial caeríamos en la cuenta de que es un material dirigido casi exclusivamente al público coleccionista norteamericano y el resto de los públicos es considerado marginal.

No está mal que así sea, ya que este público en general es el de más alto consumo de bienes y servicios del mundo y en la idiosincrasia norteamericana hay poco que preste tan buen servicio como la industria propia, mientras que para el resto del mundo lo norteamericano aparece desdibujado y tiene mucho de propio tras años de bombardeo cultural y acción económica de Hollywood y las multinacionales de ese origen, haciendo casi necesario su consumo.

Entonces se produce un hecho interesante. Mientras que para un coleccionista norteamericano la referencia y el precio son correctos en tanto y en cuanto la dificultad para conseguir una pieza determinada en los EE.UU. alcanza cierto, poco, mucho o ningún grado de dificultad y su correspondencia con el precio; para el resto de los coleccionistas puede haber un desajuste muy grande entre lo que es la referencia y lo que se consigue en el mercado cercano en cuanto a precios.

Esto genera dos conductas, en principio una que tiende a la lectura de referencias del Km como si fuera una especie de “biblia” que ante una oferta distinta de un coleccionista produce una sensación de rechazo o incomprensión, ya que “el World Coin da un precio que no es el que me están ofreciendo y por tanto este coleccionista estaría tratando de aprovecharse de mí”. Segundo, en algunos coleccionistas avanzados produce una conducta especulativa, donde piezas relativamente fáciles y baratas de conseguir para él, las vende a precios de KM, aprovechando la ventaja.

Otro fenómeno interesante que registra el World Coin es la sobrevaloración de las piezas recién emitidas y esto también tiene que ver con una conducta del mercado norteamericano que valora la novedad. Así suele ocurrir que monedas recién emitidas valgan más que monedas emitidas hace 40 ó 50 años con emisiones menores.

A esto suma un sesgo también norteamericano que tiende a sobrevalorar sus piezas sobre otras de otras nacionalidades y así nos encontramos que una pieza común de este origen (de las que se han emitido cientos de millones) aparece con mejor cotización que otra de otro país de las que se han emitido sólo algunos millones o miles.

Desde el punto de vista local es entendible, todos valoran más lo propio. Como concepto de catálogo internacional no puede entenderse.

Tenemos pues una situación de un catálogo nacional de monedas del mundo, que por fuerza del mercado se transforma en un catálogo que circula internacionalmente y que genera una serie de distorsiones, aceptadas sin gran crítica por parte de los coleccionistas.

La razón de esta criticidad podría darse en el hecho de que en apariencia no hay un competidor del KM o del Pick y por tanto “es lo que hay”.

Sin embargo, muy pocos coleccionistas entienden el valor que significa comprar además de estos catálogos, uno, dos o más catálogos nacionales o regionales. Si todos los coleccionistas tuvieran por lo menos dos fuentes, tanto el mercado como la propia editorial Krause, tendrían más cuidado con el manejo de la información y las cotizaciones, haciendo más amigables los intercambios con los KM adictos.

Finalmente la moda de copiar el World Coin en CD y venderla en forma de publicación pirata, no me parece beneficiosa para el colectivo de numismáticos, ya que además de ilegal, desalienta la investigación y sería peor que no existiera Krause que que exista con las fallas que detallamos.

Por eso me es difícil aceptar el argumento de que se está ayudando al acceso de los coleccionistas de menores recursos cuando me quieren vender una de estas copias al 20 ó 30% del valor del original.


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