21 febrero 2012


Un día perfecto.



Muchos saben que ayer fue mi cumpleaños 48. Los que recién se enteran, tienen tiempo de hacer regalos hasta el 20/02/2013, fecha en que quedaría mal hacerlo porque ya cumpliría 49.
Pensamos que una buena opción de festejo, era ir a la fiesta de la cerveza artesanal en Santa Clara del Mar (por eso de participar del “sabor del encuentro”) y ver un buen recital de Estelares.
Dijimos: "está muy nublado, cielo negro, mucha gente; ¿moto? No".
Cerveza (en la cantidad que pensábamos tomar) y auto: mala combinación. Así que 555 hasta la costa y 221 hasta Santa Clara.
Llegamos en medio de un diluvio, dos cuadras de carrera, filosofando si hubiese sido bueno llevar paraguas, "que en el colectivo siempre se pierde", para estar seco o está bien tenerlo en casa que no lo perdemos y nos mojamos a manera de baño pre-cervecero.
Llegar, ver los carteles de la campaña veraniega de Scioli, hacer el chiste fácil del chino, "yyy, mas o menos", buscar el lugar; "fija bien, fija bien" y meternos de cabeza en una carpa estructural con unos 20 centímetros de agua en un 60% del piso, todo uno.
Pregunta a uno con aspecto de organizador, en crisis, hablando con dos celulares, mensajes crípticos, "¿ponemos la bomba?" (¿Al Qaeda?) , "¿te parece o sacamos la gente?" (¿la opo organizada?), "esperá, que me preguntan...", stand con forma de barco a punto de flotar. Respuesta, "si parara de llover, sacamos el agua con la bomba y lo hacemos. Así no sé, le estoy preguntando a Paredi (El amo y señor político de los pagos marchiquitenses) y me dice que la gente decida” (tiempos democráticos los nuestros si los hay).
Debate de la gente de los stand, se forman las temidas comisiones (esas que Perón recomendaba convocar cuando no se quería hacer algo), la gente de la cerveza Indias (en teoría la que yo podía tomar por la celiaquía) que agarra sus petates saluda y se va. Y uno, que no casualmente, tiene la marca Barbaroja (viejo pirata, jeje), abre igual y regala algunos vasos a un grupo de pibes del tipo rastafari, subtipo hipon amor y paz, con instrumentos musicales incluidos, que cual nave recargada, arrancan con esos temas que conocemos todos de los fogones, provocando la disolución de las comisiones y cerrados aplausos de los 20 o 30 que aguantábamos la parada.
Cae el de los panchos, abrazado a las salchichas, los panes y los pomos de mayonesa. Seguramente no ha tomado clase de malabares y por tanto no puede evitar que algo caiga al piso, sin que aparentemente signifique gran problema para el panchero, que lo levanta y lo ubica en el lugar al alcance de la mano de la dama y el caballero.
En medio de mis cavilaciones sobre el recuerdo de que antes del glifosato, la gente de campo no se enfermaba tanto, porque desarrollaba anticuerpos y por tanto los que comieran esos panchos participaban de ese movimiento de sanidad, mi mujer interrumpe mis cavilaciones pretextando que si seguimos esperando “el agua nos va a tapar”.
Claro llevamos sólo 25 años de casados y ella no puede acordarse de cuando hice los cursos de guardavidas y buzo deportivo, que agregados a los 40 kilos de flotación, sumados desde esa época, nos podrían a salvo de la eventualidad.
Pero para ahorrar el cuento, y acompañados del tema “rasguña las piedras” en guitarra criolla, pandero, tamborcito hippie y vibráfono, partimos corriendo debajo de la lluvia, cruzando la rotonda del contrabandista, para ver dónde se tomaba el 221 para la vuelta.
Tantos años de lucha sindical y política, a uno lo hacen cabezón y como es mi cumple y venimos a tomar cerveza, impongo hacerlo aunque sea en un lugar más tradicional como la pizzería de la esquina.
Uno se va poniendo viejo y piensa que cuando era más joven todo era más simple, así que cuando pedimos las pizzas y “cerveza”, me complican con el “¿cuál?”.
Menos mal que no era mi día de Coca-cola, ya que hubiese sido difícil soportar la temida “¿Pesi es lo mismo?”.
El patente recuerdo del rechazo en un asado de agasajo, a dos decenas de miembros de equipos de holandeses que vinieron a correr el Dakar a la Quilmes, nuestra cerveza nacional, hoy brasilera con sede en Luxemburgo, me llenó de ese nacionalismo bien argento para la elección. Eso y que costaba 10 mangos menos que la Stella y 20 menos que la Posta del Angel.
La pizza un desastre, pero el espíritu alto y los bajos instintos llenos con el primer litro de Quilmes. Luego de varios pedidos acompañados del “pará Jorge” y la respuesta tipo vale cuatro; “hoy es mi cumpleaños”, abandonamos el lugar con menos lluvia, más alegres y olvidados del 221.
Santa Clara se ha puesto linda en verano, empieza a tener ese perfil de ciudad turística familiar, buena onda y con opciones. Movimiento, color, mucha gente y ¡eso que era lunes!
Nueva parada. Más pizza (un poco mejor que la anterior, no mucho), según mi hija más chica, habría que traer pizzeros de la Boca. Más cerveza. Más risas. Más fuertes. Viene el mozo y nos ofrece café, parece hora de partir.
En la calle se escucha a lo lejos música. Parece un recital. Parece que Estelares banca a sus fans y hace el recital a pesar de la lluvia.
Después de muchos años de ir a recitales de “Pomelos” varios, uno se siente reconfortado cuando ve un movimiento en las bandas que se emocionan con cada recital igual que lo hace su público, con “frontmans” que saben que hacen un espectáculo donde la gente es parte. Lo percibí con Tan Biónica en el recital de GAP en enero y con el Cuarteto de Nos el año pasado en similares fechas.
La musica venía de la carpa que cuasi inundada, con Barbaroja vendiendo cerveza a lo loco, junto al panchero, el choripanero, el paellero y el taquero (que vende tacos, no es cana), daban marco a una fiesta popular que con unos pocos instrumentos y parlantes, hicieron una zapada descomunal.
Tocaron casi todos los que estaban, al punto que hasta me sentí tentado de cumplir uno de mis sueños pendientes subiendo a la batería.
Una fiesta con todas las letras. Hubo horas de blues, rock nacional, personajes entrañables haciendo lo suyo, una fémina con una voz, que a diferencia de otras vocalistas, no hacía necesario cerrar los ojos, porque lo que se veía coincidía ampliamente con un excepcional registro blusero.
Los rasta hipones, que resultaron ser una banda de Villa la Angostura, llamada Sur, que se tocaron todo. Si saben donde están tocando en Mar del Plata, háganle caso a un tonto y vayan que tienen la llama de los grandes.
Hasta en un momento llegue a pensar, que con semejante emoción y cerveza compartida, en cualquier momento aparecía a zapar la banda de La Plata, pero parece que Estelares va por la línea Pomelo.
Un día perfecto, al punto que cuando el 221 nos dejó en la costa a las 3:30 de la madrugada y tuvimos que volver caminando porque el 555 no aparecía, sentí que volvía a los viejos 17 donde caminar de vuelta por falta de colectivo, era el momento de repasar lo vivido en la noche para guardarlo en el lugar de los buenos recuerdos que te acompañarán toda la vida...      

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